First published in English in the NeoFiles
Date: 16 December 2003

Sintiéndose maravillosamente, por siempre…
David Pearce en conversación con R. U. Sirius

“Este manifiesto delinea una estrategia para erradicar el sufrimiento en toda la vida consciente.” Así comienza el manifiesto online de David Pearce El imperativo hedonista . Pearce cree que a través de manipulaciones tecnológicas tales como la ingeniería genética, el desarrollo de mejores drogas, y la estimulación precisa de varias zonas del cerebro, los seres humanos (para empezar) pueden vivir en una especie de paraíso en el cual todos los estados desagradables de conciencia han sido desterrados a la vieja “Era darwiniana”. Estos nuevos estados cerebrales paradisíacos existirán en el contexto de una sociedad avanzada y nanotecnificada, en la cual las condiciones de opresión externas también se han eliminado.

Para Pearce, el gran cambio hacia una sociedad hedonista vendrá de la mano de la intervención genética: “La terapia génica se dirigirá a las células somáticas y, con aún mayor premeditación, a la línea germinal. Si se aplica con astucia, una combinación de la ampliación celular del sistema dopaminérgico mesolímbico, de la función metabólica selectivamente realzada de los subtipos intracelulares claves de las vías opioidérgica y serotoninérgica, y de la inhabilitación de varios procesos inhibitorios compensatorios de regeneración pondrá en su lugar la arquitectura biomolecular para una transición capital en la evolución humana…”

Su sitio web HEDWEB incluye el importante tratado El imperativo hedonista, así como una crítica maravillosa de Un mundo feliz [Brave New World] de Aldous Huxley, otra larga discusión del MDMA (éxtasis), un ensayo filosófico que intenta responder a la pregunta “¿Por qué existe algo?”, y una sección propugnando la liberación animal, o por lo menos algo relacionado con un estado de bienestar global para formas superiores de vida no humana.

Pearce vive tranquilamente en la ciudad de Brighton, Inglaterra. Se comunica con total maestría a través de su sitio web y no está acostumbrado a ser entrevistado. Sin embargo, logré prevalecer sobre él en una conversación de teléfono transatlántica.

NEOFILES: Mientras que los pasos iniciales hacia su imperativo hedonista parecen implicar drogas mejoradas y el cableado cerebral (estimulación de los centros de placer en el cerebro), de lo qué usted realmente está hablando es de manipulaciones biológicas que producirán seres humanos que, por un lado, experimenten una variedad de estados positivos de alto funcionamiento que van del bienestar al éxtasis sereno, y que, por otro, no experimenten estados negativos - o por lo menos solamente los análogos funcionales de los estados negativos que carecen de la “sensación cruda” del dolor mental tal como lo entendemos hoy. ¿Puede usted hablarnos acerca de la tecnología detrás de esta idea?

DAVID PEARCE: Bueno, hay obstáculos técnicos y obstáculos ideológicos al proyecto abolicionista. Pero si uno se ocupa primero de los desafíos técnicos, pienso que hay esencialmente tres opciones. Una es el cableado cerebral. El cableado cerebral es (probablemente) un callejón sin salida. Pero es iluminador porque el procedimiento muestra que el placer no tiene ninguna tolerancia fisiológica. Es decir, es tan estimulante tener los propios centros de placer estimulados 24 horas después de comenzar el atracón hedónico que como lo era al comienzo.

NF:… en contraste con las drogas recreativas donde los euforizantes e incluso los mejores alucinógenos tienen resultados que decrecen…

DP: Sí, la “subida” es seguida típicamente por el “bajón”, o por lo menos por recompensas seriamente disminuidas mientras los mecanismos de retroalimentación negativos del cerebro se disparan. Algo similar ocurre con las recompensas “naturales” tales como la comida, la bebida y el sexo. Pero con el cableado cerebral esto no sucede. El placer, y quizás únicamente el puro placer, no muestra ninguna tolerancia. Por supuesto, nuestra imagen del cableado cerebral es horrorosa. La gente la confunde con la tortura o con la psiquiatría coactiva de Atrapado sin salida [One Flew Over The Cuckoo’s Nest]. Y toda una sociedad basada en el cableado cerebral no sería sostenible, al menos en sus formas crudas. Nadie desearía reproducirse o tener hijos…

De modo que, en segundo lugar, está la opción de diseñar mejores drogas. La perspectiva de la felicidad de por vida inducida por drogas resulta poco atractiva para mucha gente. La felicidad inducida por drogas suena superficial, amoral y unidimensional. Pero las drogas del placer del futuro serán mucho más ricas en sus efectos que, por ejemplo, el soma en la famosa novela Un mundo feliz de Aldous Huxley. Actualmente nos estamos perdiendo de algunos estados de conciencia increíblemente hermosos debido a la brutal herencia de nuestro pasado darwiniano – así como a las ideologías bioconservadores que la sostienen.

Aun así, pienso que las drogas son solamente un sustituto. En el largo plazo, si estamos moralmente comprometidos con la creación de un mundo libre de crueldad, vamos a utilizar la tercera opción: la ingeniería genética. En este momento, estamos al borde de una revolución reproductiva -la era, si quiere, de los “bebés de diseño”-, donde los padres responsables elegirán la constitución genética de sus hijos. Inicialmente, vamos solamente a juguetear con el genoma. Con el tiempo, pienso que vamos a re-escribirlo completamente. Y para ser deliberadamente simplista: imagine que usted puede elegir el nivel medio del humor del curso de la vida de su futuro hijo en un dial genético - con el número 1 en el dial representando bienestar modesto y el número 10 representando gradaciones de felicidad sublime. ¿Qué ajuste elegiría usted para su niño? Yo pienso que la mayoría de los futuros padres elegirían ajustes en el extremo más alto de la escala –tal vez no felicidad sublime, pero ciertamente los genotipos que codifican un predisposición a la felicidad de por vida. Podemos tal vez desear muchas diversas cosas para nuestros hijos (alta inteligencia, belleza física, “éxito”), pero su felicidad es por lo menos uno de estos criterios; y en última instancia, considero que el más importante. Las buenas noticias son que en el futuro, tal (in)felicidad no tiene que ser dejada a una lotería genética darwiniana tan cruel. Por lo que conviene enfatizar que el progreso hacia la abolición del sufrimiento no exige la adopción global de una ideología de ingeniería celestial – ni nada tan grandioso y utópico como el proyecto abolicionista que propugno. Inicialmente, por lo menos, el progreso a un mundo más benévolo supone simplemente que los padres tomen decisiones genéticas sobre lo que es mejor para sus hijos… .

Por supuesto, esta revolución en la tecnología de la medicina reproductiva sigue estando un tanto lejos. Incluso hoy, los padres que adoptan en una etapa temprana no hacen nada mucho más ambicioso que elegir el sexo de sus hijos. Pero en quizá tres o cuatro décadas, y posiblemente mucho antes, elegiremos rasgos tales como el punto de ajuste hedónico medio de nuestros niños. En un cierto plazo, pienso que las combinaciones alélicas [cadenas de copias variables de genes que desempeñan una misión crítica] que dejan a sus portadores predispuestos a estados desagradables de conciencia - estados desagradables que eran genéticamente adaptativos en nuestro ambiente ancestral - serán suprimidas del pool genético. Pues el tipo de presión selectiva que opera cuando la evolución ya no es más “ciega” ni “aleatoria” -es decir, cuando los agentes racionales diseñan con antelación la constitución genética de su descendencia futura anticipando los efectos probables que la misma tendrá en sus hijos- es muy diferente. En este sentido, nos estamos dirigiendo hacia una transición post-darwiniana - en última instancia, según creo, a una cierta forma de ingeniería celestial, aunque acaso a algo totalmente distinto.

NF: En términos muy generales, de lo que estamos hablando es de animar los sistemas dopaminérgico y serotoninérgico, junto con otras modificaciones neuroquímicas, de modos muy precisos, en el nivel de los genes, una vez que entendamos completamente cómo los genes controlan estas cosas.

DP: Sí. La base neural de los llamados estados de ánimo y emociones básicas es más simple que las llamadas funciones cognoscitivas superiores. Pero es innegable que esta base neural es todavía endemoniadamente complicada, a pesar de la simplicidad del cableado cerebral. Por ejemplo, el sistema mesolímbico de la dopamina puede no ser, como hemos supuesto a veces, el camino común final del placer en el cerebro: la dopamina media, al parecer, tanto el "querer" (es decir, la relación incentivo-motivación) como el "gustar", que se caracteriza por la activación de los receptores mu opioides. Pero si nos concentramos aquí en las monoaminas simples, un blanco obvio para la intervención es de hecho el sistema mesolímbico dopaminérgico. Una de las objeciones más comunes a la idea de la abolición del sufrimiento –ignorando aquí la perspectiva de una ingeniería celestial plenamente desarrollada- es que sin el acicate del descontento pronto nos volveríamos ociosos e incluso nos aburriríamos. “Si fuéramos todos felices, ¿qué hacemos durante todo el día?” Pero la función realzada de la dopamina está asociada no solo con la euforia sino con una mayor motivación; un más profundo sentido de significado, de importancia y de propósito; y una mayor sensibilidad a una más extensa de recompensas. Por lo que una opción posible para la ingeniería celestial es centrarse en enriquecer el sistema dopaminérgico para promover (una predisposición genética a) formas de vida de grandes logros y productividad intelectual.

Esta es, cuando menos, una opción. Otra clase de predisposición es buscar una vida de introspección, meditación y tranquilidad extática. Si doy la impresión de insistir indebidamente en los modos de enriquecer la función dopamínica es debido a que la exploración de su amplificación es un útil correctivo a un malentendido muy difundido, a saber: que la felicidad inevitablemente conduce al estancamiento. El punto crucial, creo, es que ser feliz no equivale a estar “ebrio de felicidad”.

NF: ¿Qué hay de las posibilidades de que estos estados amplificados puedan conducir a la locura?

DP: Bueno, usted no puede bombear el sistema dopaminérgico de manera poco selectiva y esperar inducir estados del bienestar de alto funcionamiento. En su lugar, podría inducir una psicosis crónica. Enriquecer genéticamente nuestra salud mental exige una comprensión más profunda de los funcionamientos del cerebro que la que tenemos hoy en día. La era de la medicina genómica madura está a décadas de distancia. Pero considere incluso algo tan simple y monogenético como la asociación entre una variante del alelo del receptor de la dopamina DRD4 y un temperamento inusualmente optimista e inclinado a la búsqueda de lo nuevo. Ceteris paribus, este rasgo podría considerarse positivo. La mayoría de los futuros padres, si les fuera dada la posibilidad de hacerlo, optarían probablemente por un alelo que predisponga a tal rasgo en lugar de, pongamos por caso, a cualquier otro genotipo que predisponga a sus hijos a un temperamento depresivo y ansioso. Para tomar otro ejemplo: los futuros padres optarán probablemente por dos copias de la versión más larga del alelo del gen del transportador de serotonina (5-HTTLPR) que una versión más corta asociada a neurosis y a trastornos de ansiedad. Debe quedar en claro que estos son ejemplos más bien caricaturescos. Es probable que las versiones más sofisticadas de posibilidades genéticas tales como las mencionadas anteriormente estén disponibles de manera general hacia finales de este siglo y en el futuro más lejano. Tales posibilidades serán asistidas probablemente por software computacional con una interface ultra simple, de modo que no todos tengamos que convertirnos en psiquiatras moleculares, pudiendo concentraros, en cambio, en decisiones de “alto nivel”.

En este punto surge una objeción. El humor y la personalidad son influenciados por una multiplicidad de genes distintos, para no mencionar las contingencias del medio ambiente. Por lo que podría parecer que todas las intervenciones que involucren un puñado de alelos, con excepción de las más simples, conducirán a una imposible “explosión combinatoria” de posibilidades –y, correlativamente, de consecuencias no anticipadas. Este bien podría ser el caso. La misma expresión “bebés de diseño” evoca una pesadilla distópica, no la idea de ingeniería celestial. Sin embargo, la computación cuántica madura nos permitirá (en unas pocas décadas??) realizar modelizaciones altamente sofisticadas y simulaciones increíblemente complejas que serán poderosos, en (muchos) más órdenes de magnitud que cualquier cosa hoy en día factible. Pienso que los pesimistas se llevarán una sorpresa. Me puedo equivocar. Veremos.

NF: Volviendo a la etapa intermedia…. el desarrollo de drogas, usted parece encontrar la mayor promesa en el desarrollo de antidepresivos y de MDMA. ¿Podría explicar esto?

DP: Sí. El MDMA (“éxtasis”) es interesante no en menor medida por la manera en que su uso desafía nuestra noción habitual de que el consumo de drogas debe ser intrínsecamente egoísta, es decir, “hedonista” en el sentido más bajo del término. En el mejor de los casos, la experiencia de MDMA demuestra que el bienestar inducido por las drogas puede ser sumamente afectuoso, profundo y empático. Desafortunadamente, el MDMA mismo es potencialmente neurotóxico para los axones serotoninérgicos - incluso en dosis moderadas. Aunque las afirmaciones de los agentes gubernamentales sobre los peligros de las drogas son claramente exageradas, no debe negarse que el MDMA no es la clase de agente que usted puede utilizar regularmente a largo plazo en la manera que tomaría un antidepresivo u otra droga psicooactiva de prescripción. Y sin embargo pienso que aquí está el quid de la cuestión. La conclusión médica popular extraída de la (probable) toxicidad humana del MDMA es que el MDMA, así como otras drogas de empatía y conocimiento interior usadas por la contracultura científica, deben prohibirse, o que por lo menos debe desalentarse su uso. Pero hay una mejor opción: debemos investigar sistemáticamente maneras de diseñar entactógenos/empatógenos seguros y sostenibles. De manera crucial, su neurotoxicidad puede disociarse de su efecto terapéutico. Y una vez que se resuelvan la rúbrica neurológica y los mecanismos moleculares precisos que subyacen tanto a la “magia” como al desagradable bajón de serotonina que sigue al éxtasis, no hay razón por la que los estados de empatía extáticos no pueden sostenerse indefinidamente. Si consideramos que la meta lo vale, esta tarea es meramente un desafío técnico con una solución técnica. Algo relacionada con el “breve momento de cordura” [inducido al tomar MDMA] de Claudio Naranjo puede convertirse en nuestra condición normal de salud mental.

Quizás. Sin embargo, el conjunto de drogas comercializadas, en una clasificación poco feliz, bajo el nombre de “antidepresivos” no hace mucho para enriquecer nuestra capacidad para la empatía o nuestro propio conocimiento interior. Son, no obstante, un buen ejemplo de los agentes que carecen de un rápido efecto de “sube y baja”. Más bien inducen una mejora constante del humor, de los niveles reducidos de ansiedad, y una resistencia emocional realzada - para al menos alguna de la gente que las toma. La mejora del humor que ofrecen es muy modesta: solamente un porcentaje pequeño de la gente se siente alguna vez “mejor que bien” bajo los efectos del Prozac; y alguna gente incluso se siente peor. Asimismo, la recompensa a menudo se retrasa hasta por varias semanas, posiblemente para permitir crecimiento de las células nerviosas en el hipocampo. Hoy en día, las compañías farmacéuticas están trabajando en antidepresivos de acción más rápida – sólo con éxito limitado, debe decirse, a causa del tabú de apuntar a los sistemas dopaminérgico y opioide. Pero la recompensa retrasada inducida por drogas es realmente una ventaja terapéutica a largo plazo para cualquier buen agente psicoactivo debido a que reduce al mínimo la probabilidad de una escalada fuera de control en las dosis que presenta el uso de euforizantes de acción rápida. Por supuesto, el saber convencional sostiene que los antidepresivos existen para ayudar solamente a quiénes se diagnostican como depresivos clínicos; y tales drogas no resultan benéficas para ninguna otra persona. Eso puede ser verdad para la mayoría de los tricíclicos más viejos, por lo menos; y para la mayoría de sus sucesores actuales. Pero no hay razón, en principio, por la que cualquier persona no pueda tener sus estados de ánimo enriquecidos y realzados de una manera controlable, sea por drogas o por terapia génica. Aunque no puedo probarlo, creo nuestros descendientes estarán animados por gradientes de bienestar más allá de los límites de la experiencia humana normal. Enfatizo aquí la “controlabilidad” debido a que no deseamos que gente genéticamente susceptible cambie a una modalidad de exuberancia maníaca descontrolada - sin bien los estados moderadamente hipomaníacos pueden a veces ser extraordinariamente productivos.

En definitiva, necesitamos un concepto sumamente enriquecido de salud mental. Actualmente, si una compañía farmacéutica diera con una droga ideal del placer – una droga mágica, con enorme potencial de comercialización, diseñada para enriquecer las vidas de cada persona que la tomase- simplemente no conseguiría una licencia para su producto. De manera absurda, no hay manera por la que podría ser comercializada legalmente. [Ni podría comercializarse, digamos, una droga auténtica que aumentase nuestra inteligencia.] Esto se debe al hecho de que para obtener una licencia para una droga de investigación es necesario indicar alguna enfermedad oficialmente reconocida o trastorno que la droga alivie o cure potencialmente. Tan solo ayudar a quienes carecen de ingenio o se hallan afectados por la desdicha (como todos nosotros, a las luces de la posteridad) no cuenta. Ridículo.

NF: Usted menciona la nanotecnología como parte del futuro de la “ingeniería celestial”, pero no dice mucho acerca del papel que habrá de desempeñar. ¿Cómo ve usted esto?

DP: El papel que desempeñará la nanotecnología para mantenernos a todos físicamente sanos y ricos ha sido explorado con admirable profundidad en otros lugares. Por dicha razón, yo me centro tan sólo en un uso particular de la nanotecnología, si bien se trata (según creo) de un uso moralmente importante. Si el proyecto abolicionista ha de ser concluido, debe extenderse no sólo a los seres humanos, sino al resto del mundo vivo. Es fácil desestimar el sufrimiento no humano como comparativamente trivial en su intensidad comparada con la nuestra. Espero que los escépticos tengan razón; pero todas las indicaciones sugieren que esto no es el caso. Cuanto más “primitiva” es la sensación o la emoción, tanto más intensa la manera en la que, típicamente, se siente. Los sustratos biológicos del sufrimiento son perturbadoramente constantes a través de la línea de los vertebrados. Creo que muchos de los animales que abusamos y matamos son funcionalmente y moralmente similares a los niños y bebés humanos. Sea como fuere, en este contexto, si uno cree que es deseable éticamente eliminar el sufrimiento del mundo, la nanotecnología será necesaria para lograr penetrar las profundidades de los océanos y de los confines más alejados del reino animal. Si alguna vez queremos rediseñar el ecosistema global y re-rescribir el genoma de los vertebrados, esta es la clase de megaproyecto que sólo se podría hacer con la nanotecnología. En cualquier caso, hacerlo estará dentro de nuestros recursos computacionales. Espero que tomemos nuestros poderes divinos seriamente y que los utilicemos éticamente.

NF: Mucha gente piensa que esto es una mala idea, incluso si puede ser alcanzada. Usted parece cubrir cada objeción concebible en el manifiesto y en su crítica de Un mundo feliz, pero ¿puede usted hablar brevemente de lo que probablemente sea la objeción principal, a saber, que las personalidades que no se forjan en la dificultad mostrarán ciertas carencias y exhibirán, de algún modo, una pérdida de su humanidad?

DP: Creo que lo contrario es verdad. Manteniendo las demás cosas igual, mejorar nuestro goce de la vida resulta constructivo para el carácter. Esto suena un tanto extraño, aun paradójico, pero uno de los aspectos más desagradables de la depresión melancólica y de sus variantes “sub-clínicas” comunes hoy en día es el síndrome de la “impotencia aprendida” y de la “desesperación conductual”. Formas más suaves de este síndrome son endémicas a la población general. La gente propensa a la depresión se da por vencida con demasiada facilidad. Solo tiene una capacidad limitada para anticipar recompensas o experimentar felicidad. No se motiva fácilmente. En contraste, las nuevas tecnologías que enriquecen los estados de ánimo curarán la “debilidad de la voluntad”. Son potencialmente vigorizantes, incluso liberadores. Pues cuanto más ama uno la vida, más motivado está para llevar a término sus metas y proyectos. Al sentirse feliz y energizado, uno acepta desafíos que desalentarían a espíritus más frágiles. Idealmente, uno podrá utilizar la biotecnología para transformarse en la clase de persona que uno desea ser – en lugar de aceptar pasivamente que “no puedo ayudarme, yo nací así”. Es el sufrimiento lo que nos deshumaniza y desmoraliza, no el bienestar. El sufrimiento no lo hace a uno noble ni da forma al propio carácter; es, en última instancia, desagradable –y, en potencia, funcionalmente redundante. La racionalización de su existencia hace al sufrimiento (a veces) más tolerable; pero eso es todo. “Lo que no me aplasta me hace más fuerte”, dijo Nietzsche; sí, pero ese es el problema: demasiada gente tiene hoy en día sus espíritus aplastados por las crueldades de la vida darwiniana. Pero creo que no por mucho más tiempo.

Un punto final. La felicidad uniforme no es más motivadora que la desesperación uniforme. Para gozar de una felicidad discernible y de alto funcionamiento, necesitaremos explorar gradientes de bienestar. En el lenguaje del paradigma de la teoría de la información, lo que importa del modo en que funcionamos no es nuestra ubicación absoluta en el eje placer-dolor, sino el hecho de que seamos “informacionalmente sensibles” a los cambios de eficacia biológica relevantes en nuestro ambiente interno y externo. Así, mientras que hoy en día muchos están motivados por gradientes de descontento, creo que en el futuro estaremos animados por gradientes de felicidad. Algunos días serán sublimes. Otros serán simplemente maravillosos. Pero, de manera crucial, habrá una textura particular (“qué se siente”) de conciencia que estará ausente de nuestras vidas; y esa será la textura del dolor. Pienso que la ausencia de sufrimiento darwiniano constituirá los fundamentos de cualquier civilización futura.


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